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Authors: Baltasar Gracián

Tags: #Ensayo, Filosofía

El arte de la prudencia (3 page)

BOOK: El arte de la prudencia
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23. Evita perder tu reputación.
Este es el riesgo de las virtudes. Pocos viven sin algún defecto moral de su naturaleza, y por ello se desesperan, y sin embargo, pueden curarlo con facilidad, si le buscan el lado bueno que siempre tiene. A estos hombres los lastima el hecho de que teniendo una gran cantidad de virtudes, pierden su prestigio, por un minúsculo defecto. Una pequeña nube basta para eclipsar el sol que son. Leve sombra en su reputación sobre la que siempre se fijan los malintencionados. La destreza para vencer esto consiste en buscarle la vuelta al defecto para convertirlo en virtud. Como supo César transformar en lauros sus naturales defectos.

24. No te dejes dominar por tu imaginación.
Unas veces, corrigiéndola o frenándola, otras ayudándola o impulsándola, dependiendo de cuál de las dos se ajusta mejor a tu dicha y cordura. Tu imaginación se te vuelve una tirana si en vez de conformarse con la fantasía interior, quiere obrar en el sentido que se le ocurre. Entonces puede hacerte la vida fácil o difícil, según el tipo de necedad en que ella se apasione, haciéndote demasiado deprimido o demasiado satisfecho de ti mismo. Te producirá grandes penas, al convertirse en un necio verdugo. Todo este daño puede hacerte la imaginación si no la dominas con tu juicio recto y prudentísimo.

25. Aprende a ser buen entendedor.
Arte entre las artes fue hace un tiempo el saber razonar. Ya no basta: es menester que sepas usar la intuición, y más cuando quieres librarte de engaños. No llegará a ser un entendido el que no sea intuitivo. Hay maestros de la corazonada y linces que adivinan las intenciones. Las verdades que más necesitas conocer vienen siempre a medio decir, y por ello es necesario recibirlas con mucha atención para deducirlas. Si descubres buena intención, cree en ella, y si es odiosa, desconfía y atácala.

26. Hállale el punto débil a cada uno.
Es el arte de manejar voluntades. Cultiva la destreza de saber por dónde llegarle a cada uno. No hay hombre que no tenga sus especiales aficiones, distintas según la variedad de los caracteres. Todos adoran algo: unos las alabanzas, otros la fortuna y los más el placer. El secreto está en conocer cuál de esas adoraciones tiene cada uno. Conociéndolas, sabrás cómo dirigirlo hacia donde deseas. Es la llave con que entras al amor de los demás. Has de descubrir el primer móvil de cada persona, que no siempre es su razón más importante ni la que ellos te digan. Al contrario, muchas veces es aquello a lo que dan ínfimo valor, pues en el mundo son más los desordenados que los subordinados a un plan. Debes conocerles el carácter primero, motivarlos luego con palabras, y finalmente exaltarles aquello a lo que son aficionados, y así vencerás su voluntad.

27. Valora más la calidad que la cantidad.
No consiste la perfección en la cantidad, sino en la calidad. Todo lo muy bueno ha sido siempre poco y raro. No se valora mucho lo que existe en abundancia. En vez de ser gigante hueco, vale más ser pequeño y sólido. Algunos estiman los libros por su tamaño, como si hubiesen sido escritos para ejercitar el brazo, cuando su fin verdadero es fortalecer la inteligencia. La extensión sola nunca ha pasado de la mediocridad, y es vicio de los hombres querer abarcar mucho, que es no abarcar nada. La intensidad te da sabiduría, te hace admirable y de alto espíritu.

28. Nunca caigas en lo vulgar.
No te dejes llevar por el gusto. Gran sabio es el que se cuida de preferir lo que prefieren los muchos. Demasiados aplausos de la gente no satisfacen al hombre cuidadoso. Son algunos tan camaleones por lograr la popularidad que se complacen con el burdo elogio de un Vulcano, en vez de los elevados vuelos de un Apolo. Que tu entendimiento no se confunda con las falsas maravillas del vulgo, que no pasan de simples apariencias. Si te dejas seducir por la necedad de la gente corriente, tendrás grandes y tristes desengaños.

29. Sé hombre de entereza.
Trata de estar siempre de parte de lo razonable, con firmeza de propósito, y que ni la pasión baja ni la violencia tirana te obliguen jamás a pasar la raya de la razón. Nunca seas ese Fénix del equilibrio que tiene en poco la entereza. La entereza es celebrada por mucho y seguida por algunos hasta desafiar el peligro. Los falsos la niegan, los políticos la disimulan. No repara ella en chocar con la amistad, con el poder, y aun con la propia conveniencia, y es cuando más sientes la tentación de abandonarla. Los astutos la manipulan con argumentos aparentemente plausibles: la falsean, alegando razones de fuerza mayor o el interés nacional. Pero el hombre firme considera una traición el disimulo frente a la entereza. Se precia más por su tenacidad que por su sagacidad. Se sitúa donde está la verdad, y si tiene diferencias con los demás no es por inconstancia suya sino de ellos, que abandonaron la entereza.

30. Por ganar fama, no te hagas objeto de burlas.
Sobre todo, no hagas excentricidades que sirven más para ganarte el desprecio que el afecto. Son muchas las formas del capricho, y de todas debe huir el varón cuerdo. Hay gustos exóticos que son siempre repudiados por la gente razonable. Evita realizar actos que son más motivos de risa que de admiración. Aún exhibiendo tu sabiduría, no debes salir de tus cabales, mucho menos con actos que ridiculizan a su autor y lo conducen al descrédito.

31. Acércate al que sabe triunfar y desecha a quien tiende a fracasar.
La infelicidad es en ocasiones causada por la torpeza de quienes nos acompañan. Nada se contagia más que el fracaso. Nunca abras la puerta al que le salen las cosas mal, pues tras él vendrán a ti muchos y mayores males, que siempre andan como aves en bandada. La mejor forma de juego es saber descartar. Más te favorece hacer alianza con quien sea una pequeña carta de triunfo que una grande cuyo éxito decayó. Si te encuentras dudoso, consulta a sabios y prudentes que hayan triunfado.

32. Vive siempre en disposición de dar a los demás.
Quien gobierna gana gran crédito si da, si hace el bien. Es la elegante manera del soberano conquistar el afecto de todos. El principal privilegio del gobernante es poder hacer el bien más que todos. Estos actos hacen amistades. Al contrario, están otros que mandan, y que están empecinados en contrariar, en no complacer gustos, no tanto por tener dificultades para dar, sino sobre todo por hacer la maldad de no ayudar, pues están opuestos a la divina bondad.

33. Debes saber abstenerte.
Si es gran virtud de la vida saber negarse a los demás, mayor tesoro será saber negarse a sí mismo, tanto en asuntos personales como de negocios. Hay aficiones viciosas que son como polillas que corroen tu precioso tiempo. Ocuparte de lo pernicioso es peor que no hacer nada. Para ser correcto, además de no ser entrometido, es preciso que no dejes que te entrometan en lo incorrecto. No puede manejarse bien con los demás quien no sepa manejarse a sí mismo. Nunca abuses de los amigos, ni siquiera porque ellos te lo concedieran. Todo en exceso hace daño, y mucho más en el trato con la gente. Con esta ponderada templanza tendrás el agrado y la estimación de todos. Verán que eres sincero, pues es imposible aparentar por mucho tiempo la preciosísima conducta decente. Líbrate de los caprichos de tu carácter, sé apasionado de lo selecto y nunca peques de alejarte del comedido buen gusto.

34. Descubre tu principal virtud.
Has de saber en qué profesión eres más capaz, y cultivar eso, y usarlo para ayudar a los demás. Cualquiera puede conseguir la prestancia en algo, si descubre que esa es su vocación. Conoce tu virtud principal y aplícate a ella: por ejemplo, unos se destacan por el buen juicio, otros por el valor. La mayoría no hace caso a los consejos de su inteligencia y por ello no consigue el éxito. Quien ignora sus razones y se lleva de sus pasiones, con el tiempo recibirá un amargo desengaño.

35. Pondera bien las cosas.
Y más lo que importa más. Por no hacerse clara idea de las cosas ni pensarlas, se pierden todos los necios. Esto les impide percibir el daño o la conveniencia, y aplicar las diligencias de lugar. Muchos ponderan siempre al revés, por darle mucha prominencia a lo que no la tiene, y darle poca a lo que realmente la tiene. Cosas hay que deberían ser estudiadas con toda profundidad. Esto es lo que hace el sabio con lo que se le presenta, y le permite distinguir claramente el fondo y los detalles. Y pondera que tal vez habría algo más de lo que se muestra a primera vista, de suerte que del pensar sale el cuidado y prevención.

36. Estudia dónde y cuándo alcanzar tu fortuna.
Para actuar y empeñarte en adquirirla. El conocimiento de tu temperamento es importante, pero más lo es saber el momento oportuno en que puedes lograr tu fortuna. No dejes que se te pase el tiempo ni que se vaya tu juventud para empezar a perseguirla, ya que puede ser muy tarde. Hay que tener gran arte para manejarla, ya esperándola, ya lográndola, pues es caprichosa y es muy difícil tomarle el pulso de control. Si te es favorable, síguela con soltura, que tanto suele apasionarse con los osados como con los jóvenes. Si has luchado mucho y no la has alcanzado, no desesperes más, para que no tengas doble infelicidad por luchar mucho y no alcanzarla. Si llegaste a la fortuna, sigue adelante.

37. Aprende a usar y prevenir los ataques.
Es el punto más sutil del humano trato. Hay ataques verbales que buscan desestabilizar los ánimos, y son un disimulado y penetrante desafío al alma. Otros hay que son muy maliciosos, arrojadizos, tocados por la hierba amarga de la envidia, untados del veneno de la pasión: rayos imperceptibles para destruir la gracia y estimación. Muchos fueron heridos por sus jefes y subalternos, por causa de uno de estos chismes, a quienes la murmuración y la malevolencia no pudieron causarle ni el más leve temblor. Muchos perdieron sus puestos, debido a un simple ataque de sus superiores o inferiores, y sin embargo, toda la malevolencia de la gente no le había hecho ni el más leve rasguño. Otros ataques hay que favorecen al atacado, apoyando y confirmando su reputación. Del mismo modo que el malintencionado atacante lo arroja con destreza, así el atacado debe recibirla con cautela y esperarla con cuidado, porque la principal fuerza de quien se defiende es conocer bien la agresión, ya que siempre queda frustrado el tiro que ha sido prevenido.

38. Comprende los momentos de fortuna e infortunio.
Es de buen jugador mantener la reputación. Tanto importa una bella retirada como una bizarra acometida. Lo mismo valorar bien las hazañas propias, y saber cuándo son apenas bastantes y cuándo son muchas. Una larga felicidad ha sido siempre sospechosa. Más segura es la intercalada, y que tenga algo de agridulce lucha, que hace mejor el disfrute. Cuanto más te desesperas por mantener tu fortuna, más riesgos corres de cometer un error y perderla toda. Si tu dicha es breve, piensa que la intensidad de la felicidad que tuviste sirve de recompensa. Se cansa la fortuna de llevar al hombre a cuesta por largo tramo, así que gran sabiduría es prepararte para subir y bajar, y ahora ser infortunado y al rato afortunado.

39. Pondera que todo sube hasta un punto, y luego decae.
Todo lo que existe se eleva hasta el punto más alto de su perfección, y hasta ahí todo es ganancia, y luego empieza a decaer, y a ser pérdida. Lo único que no sufre esta regla es la obra de arte, pues cuando el artista la termina, ahí se detiene todo, y permanece en un punto que no mejora ni desmejora. Muestras inteligencia y buen gusto, si gozas punto por punto cada cosa que logres hasta su culminación. No todos pueden ni saben hacerlo. Hasta en los frutos de tu entendimiento hay el punto de madurez, y es bueno que lo conozcas para que sepas y aproveches los límites de su ejercicio.

40. Con bondad y sabiduría, gánate el amor de la gente.
Conseguir la admiración del común de la gente, ya es lograr mucho. Pero para alcanzar que te amen, hay que tener una chispa especial hacia el bien, y la sabiduría necesaria para cultivarla. Comienza con una y crece con la otra. No basta pensar y hablar hermosa e inteligentemente, aunque se supone que quien domina el concepto se gana el afecto. Se requiere algo más. Se necesita mostrar benevolencia: hacer bien a todas manos, combinar buenas palabras con mejores obras, amar para ser amado. La simpática cortesía es el hechizo de los grandes políticos. Has de dedicar tus manos primero a las hazañas a favor de los demás, y luego a la pluma de escribir, de las manos a las hojas, que también te hará bien tener la gracia de los escritores, que es eterna.

41. Nunca exageres.
Gran logro del hombre cuidadoso es no hablar con superlativos y grandilocuencias, pues se expone ya a faltar a la verdad, ya a deslucir la cordura. Las exageraciones son excesos de la estimación, y dan indicio de tener corto conocimiento y poco buen gusto. Cuídate mucho de la exorbitante celebración de algo ante la gente, pues excitarás el deseo, y después, si lo que describiste así no corresponde a tus sobrevaloraciones, acontece con frecuencia que la gente a la que creaste esa expectativa se vuelve contra el engaño, desprecia el objeto celebrado, y a ti que lo celebraste. Sé persona comedida, que quiere pecar más de corto que de largo. Son muy pocos los que pueden exhibir gran inteligencia: pero tú y todos podemos ejercer la prudencia. La exageración es casi siempre mentirosa, y te hace perder la fama de hombre de buen gusto, que es tan importante.

42. Conoce el liderazgo natural.
Tiene una secreta fuerza que le da superioridad. No viene de molestosas formas artificiosas, sino que surge de manera espontánea. Es hombre al que siguen todos, sin advertir cómo. Le Reconocen el secreto vigor de la evidente autoridad. Son genios señoriales, son reyes por mérito y leones por privilegio innato, que se adueñan del corazón, las palabras y la fe de los demás, generando gran respeto para sí. Si otras prendas personales los favorecen, son modelos de políticos, pues hacen más con un gesto que otros con mil actos.

43. Tu verdad, dila a los menos, y a los más, di lo que desean oír.
Querer ir contra la corriente es un error que lleva tanto al desengaño como al peligro. Sólo un gigante como Sócrates se atrevió a hacerlo. Cuando expresas tu disentimiento, el otro casi siempre lo interpreta como una ofensa, debido a que estás condenando el juicio que él había expresado. Haces que se multipliquen los disgustados contigo, pues se molesta la persona que contradices y quienes aplaudieron lo que ella dijo. La verdad es de pocos, el engaño es de muchos y vulgar. Nunca conocerás al sabio por lo que le oyes decir en la plaza, pues allí él no dice lo que siente, sino lo que desea oír la necedad común, aunque en su interior él sepa que miente. El hombre cuerdo huye de ser contradicho al igual que de contradecir. Tan pronto tú contradices una idea, tu actitud se interpreta como que deseas detener esa idea, anularla, que no se difunda más, coartarla por equivocada. Como la gente siente amor por la libertad, no debes herir ese sentimiento, al contradecir al que opina. Así que a la gente, dile lo que oír quiere. Luego, retírate al silencio sagrado de los sabios, y tal vez permítete decir y contradecir lo que sientes a la sombra de pocos, y de cuerdos y sensatos.

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