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Authors: Enrique Dans

Tags: #Informática, internet y medios digitales

Todo va a cambiar

BOOK: Todo va a cambiar
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Conocer y entender los cambios que la tecnología motiva en el comportamiento de los consumidores es crucial para que las empresas sepan cómo adaptar correctamente sus modelos de negocio y mantener con ello su competitividad. Negarse a aceptar dichos cambios y obstinarse en mantener estrategias válidas en su momento pero ineficaces en el presente y obsoletas en el futuro supone la mejor receta para conseguir una lenta pero inexorable desaparición. Enrique Dans nos explica en este libro qué trasformaciones ha supuesto la irrupción de Internet en los modelos de negocio de sectores relacionados con el entretenimiento y la cultura (tales como la industria discográfica, la audiovisual, los medios de comunicación o el sector editorial) y nos describe cómo y en qué medida las disrupciones tecnológicas van a seguir manifestándose en los próximos años, al tiempo que nos indica cuáles son las referencias a observar y los movimientos del mercado que debemos monitorizar. Igualmente, nos explica qué política y legislación debe aplicarse a la propiedad intelectual, por qué no tiene sentido luchar contra las mal llamadas descargas ilegales, ni desde las empresas generadoras de contenidos con software de protección de datos ni desde la Administración con reglamentos que nacen ya caducos y cercenan las libertades, y en qué sentido nos favorece a todos preservar la llamada “neutralidad de la red”.

Enrique Dans

Todo va a cambiar

ePUB v1.0

Haku
28.12.11

Prólogo

Fue un placer que me pidieran que escribiese un prólogo para el primer libro de Enrique Dans,
“Todo va a cambiar”
. Enrique tiene toda la razón: todo va a cambiar. Pero, como dicen los franceses: “cuanto más cambia una cosa, más se convierte en lo mismo.” Fijémonos, por ejemplo, en el
cloud computing
. En cierto modo, se trata de una extensión natural del time-sharing, inventado en los años sesenta. De hecho, por aquel entonces ya se oía hablar del término
“computing utility”
. Se imaginaban ordenadores enormes situados en edificios inmensos, a los que se podía acceder a través de líneas telefónicas desde terminales remotos. Hoy, el “terminal” es el navegador y la
“computing utility”
está compuesta por miles de procesadores apilados en racks en edificios inmensos. ¿Y qué hay de interconectar las nubes? Google tiene una red de
cloud computing
(centros de conexión de datos); Amazon, IBM, Microsoft y otros ofrecen varios servicios a través de la nube. ¿Qué ocurre si intentamos interconectar esas nubes? La realidad con respecto a esto en 2010 es prácticamente la misma que en 1973, cuando Bob Kahn y yo empezamos a investigar modelos y arquitecturas para la interconexión de redes basadas en paquetes de datos. Las redes existían, pero no se interconectaban entre sí, y los servidores de una red no podían intercambiar información con los servidores de otra. Lo mismo se puede decir de los actuales sistemas en la nube: si bien es cierto que los navegadores pueden interactuar con una serie de nubes que, a su vez, están conectadas a Internet, las transacciones entre
hosts
de nubes específicas no son normalmente posibles. Transferir datos de una nube a un portátil u ordenador de sobremesa y luego de estos a otra nube suena a algo parecido al concepto de
“sneaker net”
de los años setenta. No me cabe la menor duda de que las interacciones entre nubes van a ser necesarias y de que habrá que desarrollar nuevos protocolos, estructuras y modelos de referencia para producir el efecto deseado: la posibilidad de transferir datos entre nubes y de hacer cálculos, posiblemente utilizando varios sistemas de nubes al mismo tiempo. Se trata sin duda de un área en la que hay un gran potencial de investigación y de desarrollo de nuevos productos y servicios.

A medida que Internet y sus componentes vayan evolucionando, se irán repitiendo las mismas ideas, aunque con nuevos formatos. Los teléfonos móviles son una novedad en el entorno de la red de datos y nada podría ser más indicativo del ritmo del cambio que la rapidez con la que está evolucionando este campo. Probablemente, el subtítulo de Enrique Dans: “adaptarse o desaparecer” venga especialmente al caso en este mercado. Las nuevas funcionalidades para la telefonía móvil están emergiendo a un ritmo dramático. Una de las razones es que las propias plataformas se están abriendo más (por ejemplo el Android de Google) y las tiendas de aplicaciones están ofreciendo a los usuarios la posibilidad de descargarse nuevas aplicaciones sin necesidad de comprarse un móvil nuevo. El resultado es una impresionante proliferación de nuevas funcionalidades procedentes no sólo de los fabricantes de teléfonos o de las compañías de servicios de comunicaciones sino también procedentes de los propios usuarios. Este fenómeno refleja la apertura de Internet, que sigue evolucionando como consecuencia del desarrollo por parte de sus usuarios de nuevas aplicaciones. La World Wide Web es en gran parte responsable de dicho desarrollo al proporcionar un entorno que facilita la aportación de contenido y funcionalidad por parte del usuario. El asombroso crecimiento de YouTube ilustra muy bien este punto.

Asimismo, resulta cada vez más evidente que estamos evolucionando hacia ser una sociedad online. Alrededor del 25% de la población mundial dispone de conexión a Internet y en torno a un 5% más tiene acceso a Internet exclusivamente a través del móvil. Los países con una mayor penetración de Internet tienen del orden del 75-80% de su población conectada. En estos países está aumentando el uso de Internet para la distribución de todo tipo de información y crece también la actividad colaborativa en la red. Todos los medios de información del pasado se están recreando y reinventando en Internet. Formatos impresos, radio, televisión, telefonía y comunicación a través del ordenador se mezclan y conviven en Internet.

Esta convergencia tiene muchas consecuencias. Las economías de Internet ponen de manifiesto la gran diferencia de costes que supone el almacenamiento y la distribución digital respecto al almacenaje y la distribución en papel, película o DVD. Las empresas construidas alrededor del uso de medios físicos necesitarán introducir cambios significativos en sus modelos de negocio para adaptarse a la nueva economía. La publicidad online está cambiando claramente el rostro de los modelos de negocio de las empresas que hacen publicidad en periódicos, revistas, radio y televisión. La publicidad dirigida a un target concreto puede ser mucho más precisa, potencialmente, en el mundo online que su contrapartida offline. Aparecerán empresas nuevas y las más antiguas tendrán que adaptarse o, como dice Enrique, desaparecer.

Un ejemplo de empresa nueva e inesperada nos lo ofrece eBay, que permite realizar subastas en la red que serían totalmente imposibles en el mundo real. Se generan espacios para comercializar lo que las personas tienen en sus garajes y trasteros de maneras que el típico mercadillo norteamericano jamás podría ofrecer. Aparecen nichos minúsculos que se agregan por la interconexión de las redes e inyectan una nueva energía al negocio de las subastas, los intercambios o el trueque. Otro ejemplo nos lo ofrecen los juegos multijugador online. Aparecen emprendedores inquietos y dinámicos que se ganan la vida creando “moda” virtual y “cirugía” estética para avatares virtuales, mientras otros se ganan la vida jugando para mejorar los resultados de otros jugadores más perezosos o con menor disponibilidad de tiempo para desarrollar sus personajes ellos mismos.

Es frecuente observar, al menos en el mundo de la alta tecnología, que muchos de los empleos actuales ni siquiera existían hace cinco años. El ritmo de cambio y evolución del mercado de trabajo seguirá sorprendiéndonos y cuestionando nuestras capacidades y nuestra preparación para nuevos trabajos. Esta observación pone de manifiesto la importancia de la formación continua y el aprendizaje a lo largo de toda la vida. De nuevo, Internet puede contener las semillas necesarias para superar este desafío facilitando el acceso a una educación continuada en la red a escala global.

Por último, está claro que Internet, que ha provocado una notable revolución social en las conexiones personales, también va a ser escenario de la “Internet de las cosas” - miles de millones de dispositivos conectados unos a otros a través de la red. Tanto las redes de sensores como las redes de suministro eléctrico inteligentes (Smart Grid) formarán parte de este entorno. La demanda de conectividad generará un interés cada vez mayor por el acceso inalámbrico a Internet y por el incremento de su capacidad. La gran cantidad de instrumentos y aparatos conectados forzará la adopción del nuevo protocolo IPv6, que permite acomodar 340 trillones de trillones de trillones de direcciones únicas.

Que Internet seguirá evolucionando es algo que nadie pone en duda. En qué dirección lo hará es, sin embargo, una pregunta completamente abierta, para la que no tenemos predicciones garantizadas. ¡Tendremos que vivirlo y pasar por ello para averiguar hasta dónde podremos llegar!

V
INT
C
ERF

Woodhurst, enero de 2010

Introducción

En 1986, un billete de lotería de Navidad premiado dio a mi padre la oportunidad de cumplir unos cuantos caprichos, entre otros el de regalarme un ordenador. En realidad, el capricho no era mío, sino de él: yo, con mi carnet de conducir recién obtenido, suspiraba por un coche. Pero el coche tuvo que esperar. Por alguna misteriosa razón que nunca me ha explicado, mi padre se mostró completamente convencido de que aquello era mucho más importante, y directamente nos plantamos en una tienda de informática.

En aquella época, prácticamente ningún particular en España adquiría un ordenador. Recuerdo perfectamente la charla del vendedor, imagino que extrañado ante lo que tenía delante, y cómo nos fue ofreciendo diferentes alternativas hasta centrar la decisión en un clónico de IBM PC de marca Elbe (Electrónica Bertrán, fabricado en Barcelona), con procesador Intel 8088 a 4.77MHz., dos unidades de disco de 5¼ pulgadas, y un monitor monocromo de fósforo verde. Recuerdo también perfectamente cómo el vendedor nos habló de una gran novedad ya disponible, el disco duro: tenía uno de IBM capaz de almacenar diez megas, que nos ofreció montar en nuestro ordenador. Tras unos cuántos cálculos mentales, y aterrado ante la posibilidad de salir de la tienda sin el ordenador en ese mismo instante, decidí que no quería aquel disco duro, pensando para mí: “aunque teclee toda mi vida, voy a ser completamente incapaz de llenar diez megas de información”. Hoy, diez megas no dan ni para dos canciones en MP3, y cualquiera de las presentaciones que utilizo en mis clases o conferencias ocupan en torno a cien o doscientas veces más... ¡un solo archivo! Como bautismo para aprender a reírme de mí mismo y de los visionarios tecnológicos, la verdad es que no estuvo nada mal.

Aquel ordenador fue completamente operativo hasta el año 1990. Me sirvió primero para impresionar a los profesores de mi carrera (un trabajo pasado por un procesador de textos podía ser igual de bueno o de malo que el de cualquiera de mis compañeros, pero su sola presentación le proporcionaba unos cuántos puntos extra), para aprender a usar y programar bases de datos, para descubrir que con una hoja de cálculo era capaz de mover el mundo, y para pasar tantas horas de juegos que todavía hoy me pregunto cómo es que no se me pusieron los ojos verdes. Aquel ordenador me acompañó horas y horas de noches larguísimas preparando trabajos en mis años de carrera en Coruña y Santiago, y después durante mi MBA en Madrid. Gracias a él, cuando llegué en 1989 a clase de Informática en las primeras semanas de mi MBA, me di cuenta de que “me lo sabía todo”, y que podía dedicar el tiempo de clase a explicar a aquellos que se perdían intentando seguir al profesor. Aquel profesor, Jose Mario Álvarez de Novales, fue quien me ofreció, tras terminar mi MBA, quedarme en el propio Instituto de Empresa dando clase de Informática: me había visto explicar aquello, había visto que “no hablaba raro” y que no debía hacerlo del todo mal, y pensó que tal vez aquello podría gustarme.

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