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Authors: Harlan Ellison

Tags: #Ciencia-ficción

Visiones Peligrosas III

BOOK: Visiones Peligrosas III
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La mas famosa antología de ciencia ficción publicada en Estados Unidos. Su aparición en lengua inglesa provocó una auténtica revolución, tanto por su originalidad (ha sido la primera antología de relatos inéditos) como por la circunstancia de que el antólogo dio absoluta libertad a los autores en cuanto a temática y expresión literaria.

Harlan Ellison

Visiones Peligrosas III

ePUB v1.0

Cko
16.07.12

Título original:
Dangerous Visions 3

Harlan Ellison, 1967.

Traducción: D. Santos y F. Blanco

Diseño/retoque portada: Salinas Blanch

Editor original: Cko (v1.0)

ePub base v2.0

Introducción

Si se han saltado ustedes los volúmenes 1 y 2, queridos lectores, salgan y cómprenlos, léanlos, y luego acudan de nuevo a éste. Si hacen eso, obtendrán dos tercios de una obra hecha con amor y se liberarán de la cárcel de la moribunda literatura general. (Supongo que han ido ustedes a hacer lo que les he dicho, y ya están de vuelta.)

Hola.

Estamos en mayo de 1969 cuando escribo esto. Don Bensen, de la editorial Berkley, me dice que los primeros dos volúmenes de estas viviseccionadas Visiones peligrosas se están vendiendo bien, gracias. Nadie dudaba que sería así. Todo lo que uno tiene que hacer para asegurarse el éxito es reunir a treinta y dos de los mejores escritores en la cúspide de su carrera, darles libertad absoluta, dejar que los Dillon los ilustren, rodearlos con adorables y copiosas introducciones y apéndices, y esperar a que la buena gente descubra las joyas que contienen.

Para que el descubrimiento de estas joyas sea total, déjenme decirles que estoy preparando un volumen compañero de estas Visiones peligrosas. Llevo trabajando en él casi un año cuando escribo esto. Su título será
Again Dangerous Visions
(
Nuevas visiones peligrosas
).

Más escritores, y distintos escritores. Ninguno de ellos está representado en este primer libro. Y algo extraño y maravilloso en el nuevo libro. Nuevos escritores. Gente de la que es probable que usted no haya oído hablar nunca. Nombres como Hank Davis, Josephine Saxton, Greg Benford, Evelyn Lief y Ed Bryant.

Oh, habrá también nombres que ustedes podrán reconocer.

Nombres como Piers Anthony, Ben Bova, Terry Carr, Kate Wilhelm y Bernard Wolfe. Pero hay historias escritas para este nuevo libro que le harán sentir que
Visiones peligrosas
fue solamente un ensayo general, un precalentamiento.

Treinta mil palabras de Richard Lupoff tituladas
Con los Retumbantes Muchachos de Bentfin en la Pequeña Vieja Nueva Alabama
, relatos cortos completamente frescos y distintos como el
Viaje temporal para peatones
de Ray Nelson, o el hermoso
El funeral de Kate Wilhelm
, o
En la granja
, un relato de Piers Anthony capaz de retorcerle a uno las tripas. Y voces firmes y originales como Graham Hall, N. John Harrison, James Sallis.

Porque
Visiones peligrosas
hizo bien su trabajo, amigos. Inició una corriente. Malditas sean las «olas» de la vieja o de la nueva ciencia ficción; ésta es la ola, muchachos, la oleada, el oleaje, toda la corriente. Una marea ascendente de jóvenes escritores demostrándoles a sus viejos maestros que están aquí. Porque cuando
Visiones peligrosas
estaba en su estadio preparatorio, demasiados escritores no creían en su publicidad. No creían que realmente se pudieran echar a un lado todos los impedimentos y que la cosa funcionara. Pero Fritz Leiber sí lo creyó, y lo mismo hicieron Phil Farmer, y Phil Dick, y Sonya Dormán, y Carol Emshwiller, y Chip Delany. Pudieron burlarse del proyecto, y en cambio trabajaron duramente. Ahora todo el mundo cree en él, y les aconsejo que no se pierdan el volumen compañero de estos tres. Un libro más grande, más voluminoso que Visiones peligrosas con escritores que no están representados aquí. Porque
Visiones peligrosas
nos ha enseñado una gran lección.

La próxima vez no vamos a ir en busca de una simple revolución: vamos a cambiar el rostro entero del género.

¡Vamos a utilizar las estrellas como escalones para subir!

Los Ángeles

H
ARLAN
E
LLISON

Si todos los hombres fueran hermanos, ¿dejarías que alguno se casara con tu hermana?

Theodore Sturgeon

Ésta será la introducción más corta de este libro. ¿Porque de todos los escritores incluidos en esta antología el único que realmente no necesita introducción es Theodore Sturgeon? Bueno, así es, ciertamente. ¿Por qué nada de lo que nadie pueda decir es capaz de preparar al lector a lo que sigue, la primera historia de Sturgeon en más de tres años? Es un punto válido. ¿Por qué cada nueva historia de Sturgeon es una experiencia largamente esperada, sin parangón con ninguna otra, de modo que para qué molestarse en dorar el caviar? De acuerdo, aceptaré eso.

Pero ninguna de esas razones me sirve para explicar por qué soy incapaz de escribir una introducción tan suculenta como las otras que figuran en este libro. La verdadera razón es que Sturgeon salvó recientemente mi vida. De una forma literal.

En febrero de 1966 cometí uno de esos increíbles fallos de la vida que desafían toda explicación o análisis. Me casé con una mujer…, una persona…, alguien cuya mente es completamente extraña a uno del mismo modo que puede serlo la mente de un marciano. La unión fue un desastre, una pesadilla de cuarenta y cinco días que me dejó más al borde del abismo de lo que nunca había estado. En el preciso momento en que pensaba con toda seguridad que ya no podría seguir sujetándome a…, a nada, recibí una carta de Ted Sturgeon. Formaba parte del intercambio de cartas que dieron como resultado el obtener esta historia para la antología, pero estaba dirigida enteramente a lo que me estaba ocurriendo a mí. Reunió de nuevo los muelles sueltos de mi vida. Era uno de esos ejemplos de honesta preocupación a los que (con suerte) uno puede aferrarse en un terrible momento de impotencia y desesperación. Demuestra la más obvia característica de la obra de Sturgeon…, el amor. (En una ocasión hablamos de eso. Resultó claro tanto para Sturgeon como para mí mismo que yo no conocía virtualmente nada acerca del amor y en cambio estaba totalmente familiarizado con el odio, mientras que Ted no conocía casi nada acerca del odio pero lo sabía completamente todo del amor en casi todas sus manifestaciones.) Me gustaría, con permiso de Ted, citar algunos fragmentos de aquella carta. Dicen infinitamente más acerca de su obra y de sus motivaciones que cualquier otra cosa que yo pretenda decir. A partir de ahora, pues, habla Sturgeon:

Querido Harlan: Desde hace dos días no he podido apartar de mi mente tu situación. Quizá sería más exacto decir que tu situación está constantemente en mi cabeza, como una miga seca de inquietud que no puede ser expulsada ni disuelta ni tragada y que cada vez que me muevo o intento engullirla me estrangula.

Supongo que el aspecto que más me exaspera es el de «injusticia». La injusticia no es un fenómeno aislado y homogéneo, como tampoco lo es la justicia. Una ley es una ley, haya sido violada o no, pero la justicia es recíproca. Que una cosa así te haya ocurrido a ti es una injusticia más grande que si le hubiera ocurrido a los más representativos de esta población en expansión demográfica.

Sé exactamente el porqué, también. Es una injusticia porque tú te hallas del lado de los ángeles (que, dicho sea de paso, no parecen muy dispuestos a echarte una mano en este momento). Perteneces al pequeño grupo de los Buenos Chicos. Y eres así no por algún proceso de intelectualización y decisión, sino reflexivamente, instantáneamente, de manera glandular, ya se manifieste en la caja de un supermercado donde tengas que enfrentarte a esos tipos de la John Birch, o en una sala de billar dando la cara a un famoso matón, o dejándote las entrañas frente al rodillo de tu máquina de escribir.

No hay falta de amor en el mundo, pero hay una gran carestía de lugares donde ponerlo. No sé por qué es así, pero la mayoría de la gente que, como tú, tiene una inherente habilidad para trepar por los más escarpados riscos con uñas y dientes, tiene poco de él, o está tan equipada con picas y ganchos de acero que no puede verlo. Cuando se muestra en un hombre así —como ocurre contigo—, cuando se ilumina, debería ser cuidado y reverenciado. Ésta es la esencia de la injusticia que se ha cometido contigo. No debería ocurrir, pero si debe ocurrir, no debería ocurrirte a ti.

Tienes motivos para sentir muchas cosas, Harlan: cólera, indignación, pesar, tristeza… Theodor Reik, que ha hecho algunas brillantes autopsias del amor, declara que su fin no se halla en ninguna de esas cosas; si es así, hay muchas posibilidades de que algunas de ellas estuvieran ahí desde el principio. Termina con la indiferencia…; realmente termina con la auténtica indiferencia. Ésta es una de las cosas más tristes que conozco. Y en toda mi vida sólo he hallado a un escritor, en una ocasión, que fuera capaz de describir el momento exacto en que se produjo, y era el relato más triste que haya leído nunca. Te lo envío ahora en tu aflicción. El principio tras el obsequio se llama «contrairritación». Léelo en una buena disposición…, si puedes. Me gustaría que supieras que si de alguna forma te ayuda y sostiene, tienes todo mi respeto y afecto. Sinceramente tuyo, T. H. STURGEON.

Así terminaba la carta que me ayudó y me sostuvo. Junto con la carta iba el número 20 de los
Twenty Lave Poems based on the Spanish of Pablo Neruda
(
Veinte poemas de amor basados en el texto castellano de Pablo Neruda
), por Christofer Logue.
De Songs
(
Canciones
), Hutchinson amp; Co., Londres, 1959. Es esta libertad de dar, esta habilidad y deseo de encontrar amor y ofrecerlo libremente en todas sus formas, lo que hace de Sturgeon la criatura mítica que es. Complejo, atormentado, luchador, bendecido por una increíble gentileza y, sobre todo lo demás, con un enorme talento, lo que acaban de leer es el alma de Theodore Sturgeon. Se lo ruego, pasen a lo mejor que pueden encontrar en cualquier escritor: una muestra de la obra que motiva toda una vida. Y gracias.

* * *

El Sol se convirtió en Nova en el año 33 D. E. (D. E. significa «Después del Éxodo».)

También se podría decir que el Éxodo tuvo lugar más o menos un siglo y medio D. I., si aceptamos que D. I. quiere decir «Después de la Impulsión». La Impulsión, para evitar tecnicismos, consistía en un dispositivo algo más simple que la mujer y considerablemente más complicado que el sexo, que posibilitaba que un vehículo espacial dejara de existir aquí mientras simultáneamente aparecía allí, eliminando las limitaciones impuestas por la velocidad de la luz. Se podría redactar un informe realmente impresionante sobre la astrología mediante el empleo de la Impulsión, con todos los detalles de orientación aquí y allí y las hasta cierto punto filosóficas dificultades de establecer relaciones entre ellos, pero este relato no encaja en ese tipo de ciencia ficción.

Convendría más a nuestros propósitos, en cambio, informar que la transformación del Sol en Nova fue plenamente advertida; que los primeros cincuenta años D. I. fueron empleados en perfeccionar el dispositivo de Impulsión y en explorar con vehículos no tripulados, que localizaron gran cantidad de planetas aptos para el establecimiento humano; podríamos agregar que los cien años siguientes se utilizaron en preparar a la humanidad para la partida. Naturalmente eso dio origen a innumerables grupos ideológicos con muy interesantes planes para lograr una u otra Cultura Perfecta, la mayoría de los cuales estaban en desacuerdo con el resto. La Impulsión, sin embargo, había proporcionado a la Tierra un acopio tan grande de mundos nuevos separados por distancias subjetivas tan insignificantes entre ellos y el planeta de origen que los disidentes no necesitaban insistir demasiado en su desacuerdo; bastaba con postularse para otro mundo nuevo y se eliminaba el problema. Las comparaciones entre tantas y tan variadas teorías culturales eran realmente fascinadoras, pero este relato tampoco pertenece a ese tipo de ciencia ficción. Por lo menos, no del todo.

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