Read A Mummy in Her Backpack / Una momia en su mochila Online
Authors: James Luna
âNo ârespondió Lupita.
Las niñas lo escucharon otra vez. Era Rafa. Flor se detuvo y abrió la mochila otra vez.
â¿Qué pasa? âpreguntó.
âLo siento, mija âdijo Rafaâ. Pero, básicamente, no me divierto. Soy una momia. No hacemos nada más que estar en una vitrina todo el dÃa. Sólo cuando vienen nuestros familiares para el DÃa de los Muertos es cuando me pasa algo bueno.
Flor podÃa ver que Rafa empezaba a sonreÃr al recordar ese dÃa especial.
Continuó â¡TendrÃas que ver lo colorido de las decoraciones! Hacen una calavera grande de azúcar con mi nombre, y grandes panes que llaman “pan de muerto”. Hasta preparan una bebida de maÃz que llaman “atole”, y ¡a mà me encanta el atole! Sé que no lo puedo tomar, pero es divertido saber que alguien aún me recuerda. Tengo que estar en el museo para ese dÃa. Pensé que, básicamente, venir aquà contigo, a los Estados Unidos serÃa divertido, y sà lo fue, hasta que me dijiste el dÃa que era. Lo siento por haber llorado asÃ. No querÃa mojar tu tarea.
Flor suspiró. âNo te preocupes âle dijo a Rafaâ. Mi familia medio celebra el DÃa de los Muertos aquÃ. Mi tatarabuela está sepultada en Guanajuato. Ponemos su foto en la sala con flores y dulces. PodrÃamos hacer eso para ti.
Rafa lo pensó. âPero me tendrÃa que quedar adentro de tu mochila âdijo, gimoteandoâ. No voy a ver las velas ni voy a poder oler el pan dulce. No voy a escuchar las canciones. No podré ver las flores. Yo . . . yo . . . âEmpezó a llorar otra vez.
Flor miró a Lupita.
Lupita fulminó a Flor con la mirada.
Flor dijo â¡Tenemos que hacer algo! ¡Está llorando! âElla se asomó en la mochilaâ. No te preocupes, Rafa âle prometióâ, te vamos a llevar a tu casa.
âGracias âgimoteó Rafa. Flor cerró el zÃper de su mochila.
Mientras caminaban, Lupita discutió â¿Por qué dijiste eso? No podemos ir a México solas. Ni siquiera tenemos dinero.
âYa lo sé, Lupita âdijo Florâ. No tenemos que ir, pero podemos encontrar la forma de que Rafa llegué allÃ.
Lupita se detuvo y tomó a Flor por el brazo. â¡Oye! âdijoâ. Tal vez otro niño vaya a Guanajuato pronto y pueda llevar a Rafa por ti.
Flor la miró enojada. â¿A quién conocemos que vaya a Guanajuato esta semana?
âNo sé âdijo Lupitaâ. PodrÃamos preguntar.
â¿Y qué les vamos a decir? âpreguntó Florâ, “Oye, ¿te puedes llevar a esta momia al museo?” ¿Qué dirÃan?
â¡Lo siento! âgritó Lupitaâ. Estoy tratando de ayudar. âLupita se alejó de Flor, mirando hacia el frente, y se unió a los niños.
Flor corrió para alcanzarlos, pero no supo qué más decir, asà es que caminaron en silencio. Cuando al final llegaron a la casa de Lupita, Lupita trató de cambiar el tema.
âMi mamá me dijo que hoy podrÃa usar la Internet âLupita presumió. SabÃa que Flor no tenÃa computadora.
âHasta luego âfue todo lo que Flor dijo, y dejó a Lupita en la cerca de su casa.
Flor caminó unos pasos, se detuvo y volteó hacia Lupita. â¿Vas a entrar a la Internet esta noche? âpreguntó.
âSà ârespondió Lupita con cautela.
â¿Crees que puedas buscar el museo de las momias en la Internet?
âNo sé ârespondió Lupitaâ. Lo puedo intentar.
â¿Crees que podrÃa venir? âFlor preguntó con una pequeña sonrisa.
â¡Claro! âdijo Lupita, regresándole la sonrisaâ. Asà mi mamá no sospechará si estamos viendo el museo. Pero cómo lo llevaremos de regreso.
Justo en eso, un hombre pasó entre las niñas. âPermiso âdijo.
Las niñas lo miraron. Era el cartero, traÃa el correo. Flor y Lupita se miraron la una a la otra. â¡Lo mandaremos por correo! âdijeron al mismo tiempo.
âTe llamaré después de la cena âdijo Florâ. Gracias, Lupita. âLas niñas se abrazaron.
Flor caminó a casa con un poco más de esperanza para su nuevo amigo. De pronto sintió un jalón en su mochila. âPárale, Rafa âdijoâ. Ya casi llegamos a casa. Ahà te voy a sacar.
â¿Quién es Rafa? âLa voz no era de Rafa.
Flor volteó rápidamente. Era Sandra.
â¿Y qué tienes en tu mochila?
âQué te importa âdijo Flor. Luego agregóâ ¿ya hiciste la tarea o te gusta que te castiguen?
Sandra hizo un puño con la mano, pero se contuvo. â¿Quién estaba en el cuarto contigo durante el recreo? ¿Y qué estabas haciendo en el baño?
âLo que hacen las personas que han aprendido a ir al baño, pero ¡no lo entenderÃas tú, metiche! ârespondió Flor. Sintió otro jalón en la mochila. Se dio media vuelta y vio al hermanito de Sandra.
â¡Ya la abrÃ! âle gritó a Sandra.
Flor sintió que la mano de Sandra entró en su mochila. Luego Sandra gritó. â¡Aaah! ¡Algo me agarró la mano! ¿Qué tienes adentro?
Flor volteó la mochila hacia el frente y cerró el zÃper. Dio dos pasos hacia atrás y miró a Sandra y a su hermano. â¡Es una momia! Fue devuelta a la vida con magia. La momia está bajo mi poder y atacará a cualquier persona que me ataque a mÃ. ¡Ahà está! Ya lo sabes, y vale más que me dejes en paz o . . . âNo terminó la oración. Sandra y su hermano se alejaron corriendo. Volteó hacia Adrián que la estaba mirando sorprendido.
Flor le sonrió. Pensó con rapidez, y le dijo âBuen truco, ¿verdad? Parece que los asustamos.
Adrián asintió con la cabeza pero parecÃa sobresaltado.
Flor abrió su mochila. âSólo estaba jugando. âSacó un cuadernoâ. Lo único que tengo en mi mochila es tarea, como tú.
Adrián empezó a sonreÃr.
Flor agregó â¿Qué te dejaron de tarea?
âNada.
Flor movió la cabeza. âTienes tarea todos los dÃas, como yo. ¿Qué tienes que hacer? Te toca a ti abrir la mochila.
Adrián abrió su mochila y sacó unas hojas arrugadas. Flor lo tomó de la mano. Mientras caminaban ella revisaba las hojas. â¡Oye! ¡La próxima semana tienes tu paseo!
âSà âdijo Adriánâ. Ya quiero que sea. âEmpezó a hablar sobre el viaje y sus amigos, y Flor sonrió. Adrián ya se habÃa olvidado de su mochila.
Cuando llegaron a casa, Adrián entró corriendo, pero Flor entró calladita. No estaba segura sobre cómo decirle a su mamá lo de Rafa, y no querÃa preocuparla. En la sala, su hermanito, BenjamÃn, estaba jugando con sus figuritas de acción mientras su mamá veÃa la tele. Adrián dejó caer su mochila y corrió a jugar con BenjamÃn.
â¿Eres tú, mija? âgritó la mamá de Flor.
âSÃ, Mami ârespondió Flor. Entró derechito a su recámara y puso la mochila en el suelo con mucho cuidadoâ. Espérame en el clóset, Rafa. Te puedes salir, pero quédate en el clóset. Escóndete si se abre la puerta.
âPerfecto ârespondió Rafa desde adentro de la mochila de Florâ. Gracias.
Flor usualmente le daba un beso a su mamá en cuanto entraba, asà es que su mamá se preocupó cuando Flor no fue a la sala. La mamá de Flor se levantó y caminó por el pasillo.
â¿Estás bien, mija? âpreguntó la mamá de Flor. Después escuchó los susurrosâ. ¿Con quién estás hablando?
âEstoy hablando solaârespondió Flor. Cerró la puerta del clóset y salió de la habitaciónâ. Sólo estoy contenta de estar en casa. âAbrazó a su mamá por la cintura.
âAy, mija âdijo su mamá, besando a su hijaâ. â¿Cómo estuvo tu dÃa?
âBien âdijo Florâ. ¿Puedo ir a la casa de Lupita más tarde? Va a usar su computadora.
âSÃ, mija. Después de la cena y después de que me ayudes a recoger âdijo su mamáâ. Y pronto, tú también vas a tener una computadora.
âGracias âdijo Flor. Caminaron a la cocina donde unas albóndigas hervÃan en una olla grande. Flor empezó a poner la mesa. Le preguntó a su mamá â¿Te acuerdas del museo de las momias?
Su mamá volteó y sonrió. âPor supuesto. Te dio tanto miedo que no me soltaste del brazo todo el tiempo. Sólo me soltaste cuando BenjamÃn te pidió que lo cargaras. ¡Y casi dejas olvidada la mochila! ¡Qué dÃa!
Flor sonrió, y luego preguntó â¿Me puedes contar de las momias?
â¿Las momias? âdijo su mamáâ. ¿Y por qué tienes tanta curiosidad sobre las momias? Ni siquiera te gustó el museo.
âPor favor âdijo Flor.
âPues, bien âdijo su mamáâ. Vamos a la sala otra vez.
Flor descansó la cabeza sobre el regazo de su mamá. En la tele, un partido de fútbol habÃa empezado pero Flor y su mamá no lo estaban viendo. Su mamá le estaba acariciando el cabello, y empezó a hablar. âYo nacà en Guanajuato. Para mÃ, es el lugar más bello del mundo. ¿Te acuerdas lo lindo que se veÃa desde la cima de las montañas cuando nos paseamos en el tranvÃa?
Flor asintió. Recordaba que se sentÃa como un pájaro, volando por encima del pueblo. Luego, parada en la cima de las montañas, viendo los edificios de colores, pensó que eran como casas de muñecas, amarillas, naranjas y rosadas con techos de teja roja.
Su mamá le contó del cementerio de Santa Paula, que no era como los cementerios aquÃ. La mayorÃa de las tumbas estaban encima de la tierra, apiladas bien alto. âCuando era niña âsu mamá le dijoâ Las momias no estaban en vitrinas. Estaban al aire libre. Te podÃas acercar mucho, pero siempre nos tapábamos la boca con un pañuelo âsuspiróâ. Tus tatarabuelos y sus papás están sepultados allÃ. Es un lugar bellÃsimo.
Flor tomó la mano de su mamá y la besó.
Más tarde, Flor regresó a su habitación, cerró la puerta y llamó a Rafa. âEstá bien, Rafa. Soy yo. âAbrió la puerta del clóset con cuidadoâ. Tuvo que suprimir el sentimiento espeluznante que experimentó cuando vio a la pequeña momia en su clóset.
âHola âdijo Rafa.
Flor sonrió. â¿Dónde te voy a esconder?
âBásicamente, estoy bien aquà âdijo Rafa.
Flor movió la cabeza. âYo no estoy bien. Métete en mi mochila y veré dónde te voy a poner en la noche. âRafa se metió otra vez y luego estiró la huesuda manoâ. Aquà está tu cuaderno y tu tarea.
âGracias ârespondió Flor. TendrÃa que encargarse de eso después.
Sacó la mochila y sin hacer ruido salió al patio. No querÃa dejar a Rafa afuera, asà es que se metió al garaje. Caminó entre las herramientas, la podadora y tres bicicletas. Finalmente, encontró una caja con sus patines rotos, muñecas viejas y monitos que sus hermanos habÃan destruido. Levantó la mochila y dijo âTe puedes quedar en esta caja. Puedes salir y explorar el garaje, pero no hagas ruido, y métete en la mochila en la mañana. Vendré por ti antes de ir a la escuela.
Rafa asintió âMmmm. Este lugar se ve muy interesante. Estos monitos tienen muchos músculos.
Flor se rio âSon súper héroes, muñecas para niños.
Rafa tocó el brazo de uno de los monitos, y luego su brazo flaco de momia. Después movió la cabeza.
âNo te preocupes âsonrió Florâ. Eres perfecto para ser una momia.
âGracias âdijo Rafaâ. Estaba pensando lo mismo.
âYa me tengo que ir âdijo Florâ. Buenas noches.
âBuenas noches ârespondió Rafa.
Esa noche en la casa de Lupita, Flor y Lupita se sentaron frente a la computadora. Lupita hizo clic al Internet.
Lupita y Flor sabÃan cómo investigar en la red. Lo habÃan hecho en la escuela muchas veces para sus reportes de investigación. Flor le dijo a Lupita que escribiera “museo de las momias de Guanajuato”.
¡Funcionó! ¡Encontraron el sitio del museo!
âBusca la dirección âFlor le dijo a Lupita.
La encontraron y la escribieron. Después fueron al sitio del correo. Imprimieron las instrucciones para enviar paquetes a Guanajuato.
âEsto es perfecto âdijo Lupita.
âY fácil âagregó Flor.
Pero todo resultó ser más difÃcil de lo que pensaban.
A la mañana siguiente, Flor se levantó temprano y se vistió para la escuela.
âBuenos dÃas, Rafa âsusurró al abrir la puerta del garaje. Pero nadie respondió. Fue a la esquina donde estaba la caja de Rafa, y ¡no estaba!
Tal vez no la dejé ahÃ
, pensó.
Tal vez está detrás de las bicis
. Su corazón latió fuerte mientras movÃa las bicis, pero no encontró la caja. Buscó por todo el garaje hasta que su mamá la llamó para que desayunara.
Flor entró y se sentó a la mesa.
â¿Qué pasa, mija? âpreguntó su mamáâ. ¿Te sientes mal?
Flor movió la cabeza. âEs que . . . ¿Qué le pasó a la caja que estaba en el garaje? La que tenÃa mis patines rotos y las muñecas viejas.
âAh, esa caja âdijo la mamá de Florâ. Le dije a tu papá que la llevara al basurero cuando fuera al trabajo. TendrÃa que haberlo hecho hace mucho tiempo.
Flor se levantó y corrió afuera para ver si ya se habÃa ido su papá. ¡La troca no estaba! Triste, entró a la casa.
Su mamá la miró confundida. â¿Qué pasó? âLuego sonrióâ ¡Ah! No te preocupes. Papá sacó tus patines. ¿Por qué estaban en la caja? No estaban rotos.
Flor miró a su mamá. Estaba señalando los patines en la sala.