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Authors: Christopher Paolini

Legado

 

El Jinete de Dragón cabalga de nuevo. El legado llega a su fin, pero la leyenda nunca muere.

No hace tanto tiempo, Eragon —
Asesino de Sombra
, Jinete de Dragón— no era más que un pobre muchacho que vivía en una granja y su dragona, Saphira, una piedra azul oculta en el bosque. Ahora, el destino de una civilización recae sobre sus hombros.

Los largos meses de entrenamiento y batallas les han traído victorias y esperanza, aunque también pérdidas terribles. Pero la verdadera batalla aún no ha llegado: deberán enfrentarse con Galbatorix. Cuando finalmente lo hagan, tendrán que ser lo suficientemente fuertes como para vencerle porque si ellos no lo hacen, nadie podrá. No habrá una segunda oportunidad.

El Jinete y su dragona han llegado mucho más lejos de lo que nadie se atrevía ni siquiera a imaginar, pero ¿pueden derrocar al malvado Rey y devolver la justicia a Alagaësia? Y si así es... ¿cuál será el precio que tendrán que pagar?

L
EGADO

o

L
A
C
RIPTA DE LAS
A
LMAS

Autor: Christopher Paolini

Traducción de Carol Isern y Jorge Rizzo

Título original inglés: Inheritance

© 2011 by Christopher Paolini

Primera edición: noviembre de 2011

ISBN: 978-84-9918-389-3

Christopher Paolini

L
EGADO

El legado - volumen 4

ePUB v1.2

geromar
15.12.11

Como siempre, este libro está dedicado a mi familia.

Y también a los soñadores de sueños:

a los muchos artistas, músicos y contadores
de historias que han hecho posible este viaje.

Al principio

Una historia sobre
Eragon
,
Eldest
y
Brisingr
.

Al principio había dragones: orgullosos, fieros e independientes. Sus escamas eran como piedras preciosas, y todos aquellos que las miraban desesperaban, pues su belleza era grande y terrible.

Y vivieron solos en la tierra de Alagaësia durante innumerables eras.

Después el dios Helzvog hizo a los robustos y resistentes enanos a partir de la piedra del desierto de Hadarac.

Y esas dos razas se enfrentaban a menudo.

Más adelante, los elfos navegaron hasta Alagaësia a través del mar plateado. Ellos también lucharon contra los dragones. Pero los elfos eran más fuertes que los enanos, y hubieran llegado a destruir a los dragones, a pesar de que estos también hubieran acabado con los elfos.

Y así fue que se firmó una paz y se selló un pacto entre los dragones y los elfos. Y con este acuerdo crearon a los Jinetes de Dragón, que mantuvieron pacificada toda Alagaësia durante miles de años.

Luego los humanos llegaron a Alagaësia por mar. Y también los úrgalos de grandes cuernos. Y los Ra’zac, que son los cazadores de la noche y los comedores de carne humana.

Y los humanos se unieron al pacto con los dragones.

Sin embargo, un joven Jinete de Dragón, Galbatorix, se sublevó contra su propio rey, esclavizó al dragón negro Shruikan y convenció a trece Jinetes de que lo siguieran. Y esos trece Jinetes fueron llamados los Trece Apóstatas.

Y Galbatorix y los Trece Apóstatas derrotaron a los Jinetes y quemaron su ciudad, en la isla de Vroengard. También mataron a todos los demás dragones y solo salvaron tres huevos: uno rojo, uno azul y uno verde. Y se apoderaron del corazón de corazones, el eldunarí, de todos los dragones que les fue posible. El eldunarí contiene la fuerza y la mente del dragón una vez separados de su cuerpo.

Y durante ochenta y dos años, Galbatorix fue el rey de todos los humanos. Los Trece Apóstatas murieron, pero él no, pues su fuerza procedía de todos los dragones y nadie era capaz de derrocarlo.

Durante el octogésimo tercer año de reinado de Galbatorix, un hombre robó el huevo de dragón azul de su castillo. Y ese huevo pasó a manos de aquellos que todavía luchaban contra Galbatorix, a quienes se conocía como vardenos.

Arya, la elfa, custodió el huevo y buscó entre elfos y hombres a aquel con el cual el huevo pudiera eclosionar. Y esa búsqueda duró veinticinco años.

Un día, mientras Arya viajaba a Olison, una ciudad de los elfos, un grupo de úrgalos la atacaron y mataron a sus guardias. Entre esos úrgalos se encontraba Durza, el Sombra, un hechicero poseído por unos espíritus a quienes él mismo había conjurado para que se sometieran a su voluntad. Después de la muerte de los Trece Apóstatas, Durza se había convertido en el sirviente más temido de Galbatorix. Sin embargo, antes de que los úrgalos y el Sombra capturaran a Arya, la elfa utilizó la magia para poner el huevo a salvo y llevarlo a alguien que pudiera protegerlo.

Pero el hechizo fracasó.

Y así fue como Eragon, un huérfano de tan solo quince años, encontró el huevo en las montañas de las Vertebradas. Se lo llevó a la granja donde vivía con su tío, Garrow, y con su único primo, Roran. Y el huevo le eclosionó a él, y a partir de ese momento, Eragon crio a la dragona, que se llamó Saphira.

Galbatorix mandó a dos de los Ra’zac a que buscaran el huevo, y estos mataron a Garrow y quemaron la casa de Eragon. Galbatorix había hecho de los Ra’zac, de los cuales quedaban ya muy pocos, sus esclavos.

Eragon y Saphira decidieron vengarse de los Ra’zac. En ese empresa los acompañó Brom, que había sido Jinete de Dragón hasta la Caída de los Jinetes, mucho tiempo atrás. Era a él a quien la elfa Arya había querido enviar el huevo.

Brom enseñó a Eragon a luchar con la espada, a emplear la magia y a comportarse con honor. Y le dio
Zar’roc
, la espada que una vez había pertenecido a Morzan, el principal y más poderoso de los Trece Apóstatas. Pero los Ra’zac mataron a Brom durante un combate, del cual Eragon y Saphira escaparon gracias a la ayuda de Murtagh, hijo de Morzan.

En uno de sus viajes, el Sombra Durza capturó a Eragon en la ciudad de Gil’ead. El chico consiguió huir, y al mismo tiempo liberó a Arya, que se encontraba en otra celda. La elfa había sido envenenada y había sufrido heridas graves, así que Eragon, Saphira y Murtagh la llevaron con los vardenos, que vivían junto con los enanos en las montañas Beor.

Allí, Arya sanó y, allí también, Eragon bendijo a una niña llamada Elva para que la desgracia nunca la alcanzara. Pero pronunció mal el hechizo y, sin querer, la convirtió en una maldición a Elva que hizo que la niña sintiera en su piel el dolor de los demás y tuviera que protegerlos.

Poco después, Galbatorix mandó un gran ejército de úrgalos a atacar a los enanos y a los vardenos. Y fue en esa batalla cuando Eragon mató a Durza, el Sombra. Pero este lo hirió en la espalda, y el chico sufrió un gran dolor a pesar de los hechizos de los sanadores vardenos.

Y mientras soportaba ese dolor, Eragon oyó una voz que le dijo:

«Ven a mí, Eragon. Ven a mí, pues tengo las respuestas a todas tus preguntas».

Tres días después, el líder de los vardenos, Ajihad, cayó en una emboscada y murió a manos de los úrgalos, que estaban a las órdenes de dos magos gemelos que habían traicionado a los vardenos y se habían unido a Galbatorix. Los gemelos también raptaron a Murtagh y lo mandaron con Galbatorix. Pero lo hicieron de tal forma que Eragon y los vardenos creyeron que Murtagh había muerto.

Eragon sintió una gran tristeza.

Entonces, Nasuada, la hija de los Ajihad, se convirtió en la líder de los vardenos.

Eragon, Saphira y Arya partieron de Tronjheim, el hogar de los enanos y donde residía su poder, y viajaron hacia el bosque septentrional de Du Weldenvarden, donde vivían los elfos. Con ellos viajó también el enano Orik, sobrino de Hrothgar, el rey de los enanos.

En Du Weldenvarden, Eragon y Saphira conocieron a Oromis y a Glaedr, el último Jinete libre y el último dragón libre de Alagaësia, respectivamente, que habían pasado el último siglo escondidos y esperando a que llegara el momento de instruir a la siguiente generación de Jinetes de Dragón. También conocieron a la reina Islanzadí, líder de los elfos y madre de Arya.

Mientras Oromis y Glaedr instruían a Eragon y a Saphira, Galbatorix envió a los Ra’zac y a un grupo de soldados a Carvahall, el pueblo natal del chico, esta vez para que capturaran a su primo Roran.

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