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Authors: Paul Hoffman

Tags: #Fantástico, Aventuras

Las cuatro postrimerías

BOOK: Las cuatro postrimerías
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Muerte, Juicio, Infierno y Gloria. Éstas son Las Cuatro Postrimerías.

Pero ha llegado la Quinta.

Tenéis que conocer a Tomas Cale.

Thomas Cale ha aceptado su destino. De vuelta en el Santuario de los Redentores, ha oído al padre Militante afirmar que la humanidad, la peor obra de Dios, su mayor error, debe ser destruida. Y está dispuesto a convertirse en ejecutor de ese fin.

Sin embargo, puede ser que Thomas Cale sólo esté simulando haber aceptado su papel de Ángel de la Muerte. Puede que ese joven que pasa del amor más arrebatado al odio más intenso en un abrir de ojos, que cambia la amabilidad por la extrema violencia en una milésima de segundo, no pueda acatar las órdenes de los Redentores ni aún creyendo obedecerles. Porque está en manos de Cale la aniquilación del mundo, pero ¿conoce él mismo lo que esconde su alma?

Paul Hoffman

Las cuatro postrimerías

La mano izquierda de Dios 2

ePUB v1.0

Moower
21.02.12

Las cuatro postrimerías

Paul Hoffman
es autor de las novelas
The Wisdom of Crocodiles
(2000), que predijo el colapso del sistema financiero, y
The Golden Age o f Censorship
(2007), una comedia negra basada en su experiencia como censor cinematográfico.
La mano izquierda de Dios
, primera parte de esta trilogía publicada por La Esfera de los Libros en 2010, ha cosechado un éxito de críticas y ventas extraordinario en Inglatera y la serie se ha vendido a más de veinte países.

Paul Hoffman

Las cuatro postrimerías

Traducción

A
DOLFO
M
UÑOZ

Primera edición: septiembrede 2011

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación o transformación de esta obra sólo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos,
www.cedro.org
) si necesita fotocopiar o escanear algun fragmento de esta obra

Título original:
The Last four Things

Edición original: Michael Joseph. Penguim Group, London, 2011

© Paul Hoffman, 2011

De la traducción: Adolfo Muñoz García, 2011

© La Esfera de los Libros, S.L., 2011

Avenida de Alfonso XIII, 1, bajos

28002 Madrid

Tel.: 91 296 02 00 Fax: 91 296 02 06

www.esferalibros.com

ISBN: 978-84-9970-082-3

Depósito legal: M.29.672.2011

Fotocomposición: Pacmer, S.A.

Impresión: Anzos

Encuadernación: De Diego

Impreso en España-
Printed in Spain

Concededme una docena de niños sanos y bien formados, y mi propio mundo específico para criarlos, y os garantizo que, eligiendo uno al azar, podré prepararlo para que se convierta en el tipo de especialista que yo decida: médico, abogado, artista, gran comerciante o (incluso, sí) mendigo o ladrón, sin importar su talento, inclinación, preferencia, habilidad, vocación o raza de sus ancestros.

J. B. WATSON en Psycologies of 1925

Luché como un ángel.

WILFRED OWEN

Prólogo

I
maginad: un asesino que en realidad no es más que un niño está tendido en el suelo, oculto entre los largos juncos de color verde y negro que crecen profusamente a la orilla de los ríos de la Vallombrosa. Lleva mucho tiempo esperando, pero es persona paciente, y tiene más interés en aquello por lo que espera que en su propia vida. A su lado tiene un arco de madera de tejo y flechas cuya punta es del acero que proviene de la región industrial del país. Son flechas capaces de penetrar hasta la mejor armadura, siempre y cuando no se halle muy lejos. Y no es que hoy vaya a tener ninguna necesidad de tal cosa, pues el joven no espera a ningún pillo merecedor de ser asesinado, sino tan sólo un ave acuática. La luz cobra fuerza. El cisne alza el vuelo a través del bosque lleno de grajos, que graznan su envidia ante la belleza del ave cuando ésta se posa en el agua con la sutileza con que lo hace en el lienzo la mano hermosa y firme de un pintor. El cisne nada con la elegancia que hace famosa a su especie, aunque no se ha visto nunca un movimiento tan grácil en aquella atmósfera calmada y vaporosa, ni en aquellas aguas grises como el granito.

Entonces la flecha, afilada corno el odio, corta esa atmósfera que adorna el cisne con su belleza, y le pasa a un metro de distancia. El cisne escapa: la fuerza de sus membranas y la gracia de su movimiento hacen ascender el blanco plumaje de regreso al aire, desde donde se aleja hacia un rincón rnás seguro. Entonces el joven se pone en pie y observa cómo huye el cisne.

-¡Os alcanzaré la próxima vez, puerca traidora! -grita arrojando al suelo el arco, que es el único de todos los instrumentos de muerte (cuchillo, espada, codo, dientes...) que nunca ha aprendido a manejar, y sin embargo es el único que podría darle esperanzas de restitución a su corazón partido.

Pero no todavía. Pues aunque esto sea un sueño, ni siquiera en sueños es capaz de acertarle a la puerta de un granero a una distancia de veinte metros. Se despierta y se pasa media hora rumiando su malestar. La vida real muestra respeto a la sensibilidad de los desesperados; pero los malos sueños pueden hacerle burla con total impunidad hasta al más temible de los hombres. Y eso es Thomas Cale. A continuación vuelve a dormirse para soñar nuevamente con las hojas de otoño que esparcen los arroyos en Vallombrosa, y con el batir de grandes alas blancas en el aire.

1

L
a Balada de Thomas Cale
, el Ángel de la Muerte, es el segundo peor poema que haya salido nunca del Oficio para la Propagación de la Fe del Ahorcado Redentor. Esta institución llegó a ser posteriormente tan famosa por su habilidad para trenzar los más flagrantes embustes en beneficio de los redentores, que la frase «contar monjirías» ha pasado a ser de uso general.

Libro cuadragésimo séptimo: El enfrentamiento

¡Despertad! el sol ilumina ya el cielo celoso

mostrando la Mano Izquierda del Todopoderoso.

Os hablaré de Cale, hombre de brazo fuerte

que no comete yerro como Ángel de la Muerte.

Alos traidores papicidas sin cesar buscando

Cale dejó el Santuario a la chita callando.

Para proteger al Papa de su infiel contrario

huyó por una soga del sosiego del Santuario.

A Bosco, su mentor, lo rechazó de este modo:

por Nuestro Señor el Papa hizo esto y lo hizo todo.

En Menfis, ciudad peor que Sodoma y Babilonia,

rescató a una princesa bella cual begonia.

Arbell con artimañas buscó la ruida de su alma;

Cale no la quiso: la mandó matar sin perder la calma.

Mucho había su padre contra el Papa conspirado

y atacó a los redentores para lograr lo buscado.

Pero en la geran battala al pie de la colina

con Princeps y bosco, Cale tuvo punteria fina.

El imperio de Menfis ese día perdieron;

Bosco y Cale a la lucha muy pronto volvieron:

a matar antagonistas sin pausa ni temblor.

¡Oremos nosotros todos por Papa y Redentor!

Es cosa bien sabida de todo el mundo que los sucesos reales pasan a la Historia y son transformados según los prejuicios de la persona que los registra. De ese modo, la Historia se va convirtiendo poco a poco en leyenda, emborronando todos los hechos según el interés de los transmisores, que con el tiempo llegan a ser muchos, variados y contradictorios. Al final, al cabo de mil años tal vez, todas las intenciones, buenas o malas, todas las mentiras y todas las verdades, confluyen en un mito de raigambre universal en el que cualquier cosa puede ser cierta o tal vez falsa. Ya no importa.

Pero lo cierto es que algunas cosas se apartan de los hechos reales tan pronto corno suceden, para emborronarse en una espesa niebla de mitos casi antes de que termine el día en que ocurrieron. Los ripios que anteceden, por ejemplo, fueron escritos en los dos meses que siguieron a los incidentes que de manera tan torpe tratan de inmortalizar. Repasemos estos embustes verso a verso:

Thomas Cale había sido llevado al imponente Santuario del Ahorcado Redentor a los tres o cuatro años (cuál fuera esta edad exactamente, eso nadie lo sabía ni le preocupaba). Nada más llegar, el niño llamó la atención de uno de los monjes de la más adusta de las religiones, el redentor Bosco, mencionado tres veces en el poema tal vez por el hecho de que fue precisamente él quien lo mandó escribir. Pero que nadie piense que este poema fue inspirado por algo tan simple como la vanidad o la ambición humanas.

Los redentores no son sólo de infausta memoria por su dura visión de la naturaleza pecaminosa de la humanidad, sino aún más por su voluntad de extender ese punto de vista mediante la conquista militar llevada a cabo por sus propios sacerdotes, la mayoría de los cuales son formados más para la lucha que para la oración. Los más inteligentes y los más piadosos (una distinción que resulta más turbia entre los redentores que entre ningún otro grupo humano) eran responsables de asegurar la corrección de las creencias y la administración de la fe en todos los estados conquistados y convertidos. El resto eran consagrados al ala armada de la única Fe Verdadera: los Militantes. Se les formaba y frecuentemente morían (éstos eran los afortunados, según una broma muy comúnmente repetida) en un gran número de cuarteles religiosos, de los cuales el más grande era el Santuario.

Fue en el Santuario donde Bosco eligió a Cale como su acólito personal, un favoritismo al que sólo un niño de fuerza sobrehumana hubiera podido sobrevivir. Para cuando contaba catorce años (o tal vez quince), Cale era un ser tan frío y calculador que cualquiera preferiría no encontrárselo en un callejón oscuro, ni en ningún otro lugar, un ser movido aparentemente por tan sólo dos cosas: su profundo odio hacia Bosco, y su indiferencia hacia el resto del mundo.

Pero la mala suerte de Cale cambió a peor el día que abrió la puerta equivocada en el momento equivocado y descubrió al redentor Picarbo (que era el Padre Disciplinario), que estaba diseccionando el cuerpo de una jovencita que aún conservaba un hálito de vida, y estaba a punto de hacer lo mismo con otra. Eligiendo la propia seguridad antes que la compasión ante el espanto, Cale cerró la puerta con mucho cuidado, y se fue. Sin embargo, en un momento de insensatez que después siempre aseguró lamentar, la mirada que había visto en los ojos de la muchacha que estaba a punto de ser cruelmente destripada le hizo regresar al lugar de la terrible escena, y en la lucha que siguió mató a Picarbo, el hombre que ocupaba más o menos el décimo puesto en la línea sucesoria del Papa. Lo que ya sabéis de los redentores os servirá para comprender con toda claridad qué es lo que podía esperar Cale entonces: algo que, de eso podéis estar seguros, incluía muchos gritos.

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