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Authors: J. H. Marks

Girl 6

BOOK: Girl 6
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Por las autopistas de la información circula de todo. Pero ¿quién es Girl 6? ¿Una vocacional del sexo? ¿Una promesa de la pantalla? ¿Una chica mal de casa bien? ¿O quizá una chica bien de casa mal? En el fantástico mundo del ciberespacio puede ocurrir cualquier cosa, y mucho más en una ciudad como Nueva York, cuyos seres luchan desesperadamente entre el vértigo de la precariedad y del placer por la supervivencia o por el éxito. Inspirándose en el guión de Suzan-Lori Parks, J. H. Marks desarrolla una trama tan ingeniosa como verosímil, llena de suspense y humor, en la que nos brinda con maestría un inquietante retrato del mundo actual y de los personajes que lo pueblan.

J. H. MARKS

Girl 6

ePUB v1.0

Polifemo7
06.07.11

Título original: Girl 6

© J. H. Marks, 1996

Novela basada en el guión de Suzan-Lori Parks

© por la traducción, Víctor Pozanco, 1996 © Editorial Planeta, S. A., 1996

Córcega, 273-279, 08008 Barcelona (España) Diseño cubierta: Departamento de Diseño de Editorial Planeta

Ilustración cubierta: cartel de la película del mismo título, cedida por Hispano Fox-film, S. A. E.

Primera edición: mayo de 1996 Depósito Legal: B. 18.804-1996 ISBN 84-08-01792-6

ISBN 1-357-910864-2 editor Penguin Books, Londres Composición: Fort, S. A. Impresión: Big, S. A.

Encuademación: Servéis Gráfics 106, S. L. Printed in Spain - Impreso en España

CAPÍTULO 1

La maquillaron para afrontar el implacable ojo de la videocámara durante la audición.

El director iba muy mal de tiempo y hacía ya una hora que Girl 6 aguardaba junto a media docena de actrices afroamericanas.

Algunas de las aspirantes eran conocidas, o amigas, de los grupos de actrices del «circuito de audiciones», cuyas agencias las hacían peregrinar por las compañías teatrales de la ciudad. Otras eran aficionadas a quienes, con unas copas de por medio, alguien les había dado el número de teléfono del director de reparto para impresionarlas.

Girl 6 le había pasado revista a la competencia. Estaba segura de que tenía posibilidades de conseguir el papel si le daban la oportunidad. Era actriz. Su seria formación le permitía identificarse con personajes imaginarios y hacer que pareciesen reales. Demostrarlo era una meta por la que había luchado durante toda su vida.

Girl 6 tenía oficio. Pero era una desconocida, una de las muchas jóvenes con talento que trataban de alcanzar el mismo sueño.

Creía en sí misma. Estaba harta de trabajar de camarera y de rodar producciones del Sindicato de Actores en los sótanos de iglesias abandonadas. Había llegado su momento y estaba dispuesta a dar el salto. Podía interpretar el papel que quisieran.

Girl 6 estaba preparada.

Acababa de asomar el director, que saludó a Girl 6 con descortés distancia. Aún tenía en la cabeza la conversación con su agente de Los Ángeles, que lo había tenido diez minutos al teléfono.

La más reciente producción del director, y la más extraordinaria —según él, y, por lo tanto, según todos los que trabajaban para él—, había alcanzado gran resonancia en todo el país.

Muchos estaban dispuestos a hacer lo que fuese para trabajar con él. Y, aunque su ego no necesitase engordar más, casi todos ansiaban la ocasión de alimentárselo.

El director, que examinó la fotografía y el
book
de Girl 6, la «catalogó» antes de llegar a la última página del curriculum.

—Muy bien. Puede usted empezar —le dijo.

Girl 6 sintió que la adrenalina circulaba por todo su cuerpo. Respiró hondo y retuvo el aire unos instantes para evitar la hiperventilación. Al notar que empezaba a sudar, Girl 6 se concentró en el papel e intentó no perder el control.

Tenía que interpretar un personaje, que no sudaba ni estaba nervioso. Todo iba a salir bien. Había estudiado a fondo un monólogo para la audición y lo había ensayado varias veces en sus clases de arte dramático. Estaba dispuesta. Era su momento.

Girl 6 le dirigió al director una reposada y leve sonrisa y empezó:

—Quiero que sepa que la única razón por la que consiento es para dejar a salvo mi nombre, no por el qué dirán...

Si le hubiera prestado atención, el director habría notado que era buena —muy buena—. Pero, el ultramoderno cronómetro suizo —de siete mil dólares— que lucía en la muñeca le recordó que cada vez acumulaba más retraso. Aún tenía una sala entera llena de jóvenes que esperaban turno. Dentro de menos de una hora debía estar en Nobu para almorzar con Bob y Jane. El tráfico sería espantoso por el centro y no quería llegar tarde.

El ayudante del director se había enterado de que

Edgar tenía reservada una mesa junto a la suya. Convenía conocer a un tipo que acababa de comprar uno de los estudios más importantes de la ciudad.

¿Qué se propone esta chica? ¿Recitarnos todo Shakespeare? Si todas las que le quedaban por escuchar interpretaban un monólogo tan largo, iba a llegar tarde a la cena.

—¡Pare, pare! ¡Aguarde un minuto!

Girl 6 tardó unos instantes en poder detenerse. Estaba muy concentrada, sumergida de lleno en su papel. No era en aquel cuartucho pobremente iluminado, que apestaba a humo y a sudor, donde se encontraba, sino en un lugar muy distinto.

—¡Pare! ¡Un momento! ¡Escúcheme!

El personaje que Girl 6 interpretaba se escabulló y ella despertó a la realidad. No entendía nada. ¿Qué ocurría? Lo estaba haciendo bien. ¿Por qué la interrumpía aquel tipo?, se dijo. Aunque, al recordar quién era ella y lo que de ella esperaba el director, Girl 6 se dominó.

—¿Puedo terminar mi monólogo?

El director sabía perfectamente que no debería haberla interrumpido. Volvió a mirar el reloj. Era tardísimo y, por poco que la chica se alargase, lo único que conseguiría era hacerle perder el tiempo. ¿Por qué creerían los actores que debía dedicarles tanta atención? ¿Quién se había creído que era aquella chica? Tenía que abreviar, quitársela de encima como fuera.

—Buscamos algo excepcional, algo que arrase. Buscamos una belleza como Halle Berry, tan
sexy
como Jada Pinkett y con una voz tan maravillosa como Whitney Houston. ¿Sabe cantar?

Girl 6 sabía cantar y le asustaba mucho hacerlo. No sería una Whitney Houston, pero cantaba mejor que la mayoría. Se pagó parte de la carrera como cantante solista de un conjunto que tocaba en fiestas de instituto. También había cantado en banquetes de boda y en bares musicales. Sus locales favoritos eran los atestados clubes del East Village, que permanecían abiertos hasta la madrugada. Incluso llegó a presentarse para un empleo

que le permitía estudiar canto en Berklee (Boston), pero no llegó a aceptarlo porque comprendió que su verdadero camino era la interpretación.

—Pues...

El director saltó de la silla y empezó a pasear nerviosamente por la estancia. No estaba acostumbrado a que le replicasen —que es lo que creyó que iba a hacer la joven.

—Guarde silencio un momento y escúcheme. Buscamos una actriz del nivel de Angela Basset, completa, que sepa hacerlo todo. ¿Comprende?

Girl 6 quería el trabajo. Necesitaba el trabajo. Sabía lo que debía contestar. El director la miró con fijeza.

—Pues yo... —dijo ella, que creía que el director aguardaba, de verdad, a que contestase.

—Calle y escúcheme a mí —volvió a atajarla él—. Sé que la actriz que busco existe, que el talento que necesitamos anda por ahí.

El director la miró de nuevo, expectante. Girl 6 había aprendido la lección. No abría la boca.

—Puede hablar usted ahora —dijo el director complacido.

Aunque Girl 6 estaba que se subía por las paredes, no lo exteriorizó. Era actriz y, como tal, sabía dominarse. Se desprendió del personaje que interpretaba en el monólogo y adoptó una nueva personalidad; una personalidad que no correspondía a la de la verdadera Girl 6, que habría mandado a hacer puñetas a aquel arrogante Armani. No. Girl 6 adoptó la actitud de una persona más transigente y serena, resuelta a mostrarse como el director quería.

—Gracias. He estudiado durante varios años con distintos profesores. Ahora voy a Performing Place, la academia de Diane Moresco. He trabajado con grupos de teatro independiente, en
The Homecoming
y en
The Piano Lesson.
También intervine en la película
Law and Order.
Decía unas pocas frases y las cortaron. Sólo dejaron los fotogramas de Sam Waterson mirando mi cadáver, que yace en una ménsula de la funeraria. Sé cantar, bailar e interpretar. Si tengo ocasión de demostrarlo, no le pesará. Sólo necesito una oportunidad. ¿Me permite terminar mi monólogo antes de leer el papel obligatorio?

Se hizo un largo silencio cuando la joven dejó de hablar. Normalmente, el director no la hubiese dejado hablar tanto, pero pudo alargarse porque, en realidad, no la escuchaba. Pensaba en la modelo con la que se había acostado la noche anterior. ¿Con qué agencia le había dicho que estaba? ¿Cómo se llamaba? ¿Cómo podía ponerse en contacto con ella? Aunque le fastidiaba no recordarlo, se tranquilizó al pensar que su ayudante debía de tener todos los datos. Probablemente, ya le habría enviado flores y una romántica nota de su parte.

El director salió de su ensimismamiento y reparó en que Girl 6 se proponía reanudar su monólogo desde el comienzo. No disponía de tanto tiempo.

—Ah, no. A ver: bien erguida. Mire a la cámara. Dese la vuelta lentamente. Necesito... Necesitamos alguien que rebose sensualidad. Ahora siéntese.

Girl 6 siguió las indicaciones del director y se sentó.

—Desabróchese la blusa. A ver sus pechos...

La joven tragó saliva. No contaba con aquello. Su agente no le advirtió que tendría que desnudarse. Necesitaba aquel trabajo. ¿Iría en serio? Si el papel exigía desnudarse, no le importaba. Aunque no era lo que más la seducía, no tendría inconveniente en desnudarse si el personaje y el guión así lo exigían.

¿Y si todo se reducía a que aquel engreído director se dedicaba a pedirles que se desnudaran a todas la mujeres que se le antojaba?

Girl 6 lo miró escrutadoramente. No se atrevía a pronunciarse. No cabía duda de que era un director conocido, de los que se hacían notar en Hollywood. Pero en Hollywood también había mucho «fantasma». No era nada nuevo.

—¿Lo exige el papel? —preguntó ella.

El director se sintió insultado. La sola insinuación de que lo que le pedía no se ciñese estrictamente a exigencias artísticas hería su sensibilidad y la imagen que de sí mismo tenía.

El conspicuo director disimuló su enojo con el airado pero correcto talante de quienes se consideran intachables.

—Sí. ¿No se lo ha dicho su agente? Aquí somos muy profesionales. El papel requiere el desnudo.

Girl 6 tenía que elegir. Quizá fuese un trabajo serio. Allí afuera, en la sala contigua, había muchas jóvenes que no vacilarían un momento en hacer lo que acababan de pedirle. Había muchos papeles que requerían desnudarse. Por otro lado, cabía la posibilidad de que aquel tipo sólo quisiera engrosar su colección de vídeos caseros. A lo mejor lo hacía para sentarse en el salón con sus amigos y pasarles unas grabaciones para presumir.

Mirad, mirad... Esos monumentos hacen todo lo que les pido, les diría.

¿Y qué? ¿Qué le importaba a ella? En tanto que actriz, su cuerpo no era más que una herramienta de trabajo. Dejaba de ser ella. Cuando interpretaba un papel, su cuerpo no era suyo, sino que pertenecía al director. Por unos momentos, en aquel contexto, pasaba a ser de la persona que la dirigiese.

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