Read Los pueblos que el tiempo olvido Online

Authors: Edgar Rice Burroughs

Tags: #Aventuras, Fantástico

Los pueblos que el tiempo olvido (15 page)

BOOK: Los pueblos que el tiempo olvido
4.05Mb size Format: txt, pdf, ePub
ads

Durante la noche los reflectores del Toreador iluminaban el acantilado en el lugar donde trabajaban las taladradoras, y al ritmo de tres metros por hora llegaron a la cima al quinto día. Arriaron cuerdas, ataron los bloques a los árboles de arriba, y los burdos ascensores se pusieron en marcha, de modo que a la noche del quinto día todo el grupo, con la excepción de los hombres necesarios para tripular el Toreador, estuvieron dentro de Caspak con abundancia de armas, munición y equipo.

. A partir de entonces, se abrieron paso hacia el norte buscándome, después de un vano y peligroso esfuerzo por entrar en el país infectado de horribles reptiles al sur. Como llevaban gran cantidad de armas, no perdieron ningún hombre, pero su camino quedó alfombrado de cadáveres de criaturas que se habían visto obligados a matar en su camino al extremo norte de la isla, donde encontraron a Bowen y su esposa entre los galus de Jor.

La reunión de Bowen y Nobs fue marcada por una frenética exhibición por parte de Nobs, que casi desnudó a Bowen de las exiguas ropas que los galus le habían dado.

Cuando llegamos a la ciudad galu, Lys La Rué estaba esperando para darnos la bienvenida. Ahora era la esposa de Tyler, ya que el capitán del Toreador los había casado el mismo día en que el grupo los encontró, aunque ni Lys ni Bowen querrían admitir que ninguna ceremonia civil o religiosa podría haber hecho más sagrados los lazos con los que Dios los había unido.

Ni Bowen ni el grupo del Toreador habían visto rastro de Bradley y su partida. Llevaban tanto tiempo perdidos ya, que habían perdido toda esperanza de encontrarlos. Los galus habían oído rumores de ellos, igual que los kro-lu y los band-lu del oeste; pero ninguno los había visto desde que dejaron Fuerte Dinosaurio meses atrás.

Descansamos en la aldea de Jor durante quince días mientras nos preparábamos para el viaje al sur, hasta el sitio donde el Toreador nos esperaba en la costa. Durante estas dos semanas Chal-az llegó desde el país Kro-lu, ahora convertido en un galu pleno. Nos dijo que el resto del grupo de Al-tan habían muerto cuando intentaron regresar a los kro-lu. Chal-az fue nombrado jefe, y cuando se elevó, dejó la tribu al mando de un nuevo jefe a quien todos respetaban.

Nobs se quedó con Bowen, pero As y Ajor y yo fuimos muchas veces de paseo por el maravilloso país galu. Chal-az había traído mis armas y municiones, pero mis ropas habían desaparecido, y no las eché de menos cuando me acostumbré al libre atuendo de los galu.

Por fin llegó el momento de nuestra partida: A la mañana siguiente nos encaminaríamos al sur y el Toreador y la querida California. Yo le había pedido a Ajor que viniera con nosotros, pero su padre se negó a atender la sugerencia. Ninguna súplica pudo hacerle cambiar su decisión: Ajor, la cos-ata-lo, de quien podría brotar una nueva y más grande raza caspakiana, no podía marcharse. Podía quedarme con cualquier otra ella entre los galus… ¡pero no con Ajor!

La pobre chiquilla estaba desolada. En cuanto a mí, advertía lentamente el poder que Ajor tenía sobre mi corazón y me pregunté cómo podría vivir sin ella. Mientras la abrazaba aquella última noche, traté de imaginar cómo sería la vida sin ella, pues por fin había comprendido que la amaba: amaba a mi pequeña bárbara, y cuando por fin me separé de ella y fui a mi propia choza a arrancar unas cuantas horas de sueño antes de partir, me consolé con la idea de que el tiempo sanaría la herida y en mi tierra nativa encontraría una compañera que sería para mí todo y más de lo que podría ser la pequeña Ajor: una mujer de mi propia raza y cultura.

Amaneció más rápido de lo que habría deseado. Me levanté y desayuné, pero no vi a Ajor por ninguna parte. Era mejor, pensé, que me marchara sin sentir el dolor de una última despedida. El grupo se preparó para la marcha, con una escolta de guerreros galus dispuesta a acompañarnos. Ni siquiera fui capaz de acercarme al corral de As y despedirme de él. La noche antes, se lo había regalado a Ajor, y ahora en mi mente los dos parecían inseparables.

Por fin nos pusimos en camino, y bajamos la calle flanqueada por casas de piedra y atravesamos la gran abertura en la muralla de piedra que rodea la ciudad y continuamos hacia el claro, en dirección al bosque que debíamos atravesar para llegar a la frontera norte de Galu antes de girar al sur.

En la linde del bosque miré hacia atrás, a la ciudad donde estaba mi corazón, y tras la enorme puerta vi algo que me hizo detenerme en seco. Era una figura pequeña, apoyada contra uno de los grandes postes que sujetaban la puerta: una figurita encogida, e incluso desde esta distancia pude ver que sus hombros se estremecían entre sollozos. Fue la gota que colmó el vaso.

Bowen estaba a mi lado.

—Adiós, viejo amigo -dije-. Me vuelvo.

Él me miró, sorprendido.

—Adiós, amigo -dijo-. Sabía que acabarías haciéndolo.

Y así volví y tomé a Ajor en mis brazos y besé las lágrimas de sus ojos, y la hice sonreír, mientras contemplábamos juntos a los últimos americanos desaparecer en el bosque.

BOOK: Los pueblos que el tiempo olvido
4.05Mb size Format: txt, pdf, ePub
ads

Other books

Child of God by Cormac McCarthy
Play Along by Mathilde Watson
The Drinking Den by Emile Zola
To Love a Man by Nolan, Rontora
Brutal Game by Cara McKenna
To Room Nineteen by Doris Lessing
Bloody Royal Prints by Reba White Williams
Depths of Madness by Bie, Erik Scott de
ARC: Cracked by Eliza Crewe